¡Es la noche tan perseguidora de genitales…! Se abre tanto el rayo que
mora en el pecho con dulces músculos sepultados, que se piensa en un alba
rayada por los venenos, cuando en el aire lunado ponemos el puño, y en la
astillada madera de una mejilla vieja, la sombra de un poderoso frío, …y ese
cielo levantado que nos va dejando solos.
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