Rosas negras no las quiero para mí. Enviadme por el aire el agua de vuestros
pensamientos, que alma tienen hasta las piedras pero no las rosas negras. Porque
si me traéis pensamientos y agua, yo os sonreiré. Porque, de esta manera, no tendré
riqueza mayor. Porque un dios opulento (lo sé) pesará pronto el oro de mi alma
que sonríe, y abrirá todas las ventanas y puertas de su casa, y evocará, con el
alma de las cosas que queden fuera y dentro, una rosa blanca.
Es intenso y profundo... Me encanta...
ResponderEliminarUn beso