Te
debo algo, no sé qué. Las palabras han partido camino del infinito, pero sé que
te debo algo. Déjame intentar esclarecer y agradecértelo. No voy a correr
riesgos. Te lo diré con un grito o con un aullido. Mi tesoro es valioso y
fuiste Tú quien lo imaginó adentro en mis entrañas. Todos los días nacen
hombres nuevos y encierran su tesoro en una caja fuerte. A mí me han robado la
maravilla en un negligente olvido. Todas las cosas que vi recorriendo el mundo son
superfluas para medir el tamaño de mi tesoro insoluble. Te lo diré con un
aullido, Padre Eterno, ahora que todos los vocablos parece que han muerto y
sólo un lobo puede hablar por mí.
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