martes, 10 de marzo de 2015

Te debo algo...

Te debo algo, no sé qué. Las palabras han partido camino del infinito, pero sé que te debo algo. Déjame intentar esclarecer y agradecértelo. No voy a correr riesgos. Te lo diré con un grito o con un aullido. Mi tesoro es valioso y fuiste Tú quien lo imaginó adentro en mis entrañas. Todos los días nacen hombres nuevos y encierran su tesoro en una caja fuerte. A mí me han robado la maravilla en un negligente olvido. Todas las cosas que vi recorriendo el mundo son superfluas para medir el tamaño de mi tesoro insoluble. Te lo diré con un aullido, Padre Eterno, ahora que todos los vocablos parece que han muerto y sólo un lobo puede hablar por mí. 

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