Huir
preso del horizonte imantado. No habrá paz del corazón, sólo rabia hasta
consumar la distancia. Un frescor en la frente pensativa que traerá el levante,
y, con los pies descalzos, será el camino un trueque entre la vida y todas las
claridades. No llegarás mientras te esperen. No sabrás comprender, pero harás
del camino tu mejor rosa cultivada. ¡Adiós, adiós…! y abarcar con la boca el
eco de la membrana de la inteligencia. No entender: (quien sabe del camino lo
imprescindible esta huyendo). Atrás quedará llorando el sexo intacto, y una
profunda tristeza por la marcha que irá desangrándose como la estela de un
cometa. Entonces encontrarás las sonrisas que amaban de verdad la vida.
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