Crujidos de pisadas en
la hierba seca y ruido de cuchillos. Con opulencia una mirada vertical a los
cielos evoca benignas estrellas. No sé. El viento enamorado está soplando sobre
azucenas blancas, y murmura preguntas, y pasa de largo sin que yo entienda ni
pueda. Dos destinos sobre la cabeza de un hombre. Jugando está la muerte con
magnitudes extrañas. Yo quisiera llorar hasta abrirle grietas a las piedras.
Destino que quiere soplarme un veneno. Ojos también que me buscan, más allá de
la bruma, para sonreírme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario