Mi pena hermoseada de
flores… ¡Cómo enjugan los cabellos tuyos las lágrimas que serán pisadas! ¡Y qué
amargo es el barro que entiende de cuchillos y de calzado tras las puntas del pelo
lisonjeado que arrastras! Pero tienen las flores algo…, qué sé yo, un dolor de
cantos apartados en el cosmos cual si le doliera parir el universo, tan
callado y templado, y todo lo descomunal como barro. Yo que solamente he nacido
para evidenciar un cerebro, ¡tan poco doy! Pero mírame apoyado en la ventana
que contempla las constelaciones del Este, y ven y llora conmigo por lo tanto
todo lo que queremos, para ti y para mí, en una noche sin Dios y el universo
absurdamente vacío.
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