martes, 2 de febrero de 2016

Mi pena hermoseada...


Mi pena hermoseada de flores… ¡Cómo enjugan los cabellos tuyos las lágrimas que serán pisadas! ¡Y qué amargo es el barro que entiende de cuchillos y de calzado tras las puntas del pelo lisonjeado que arrastras! Pero tienen las flores algo…, qué sé yo, un dolor de cantos apartados en el cosmos cual si le doliera parir el universo, tan callado y templado, y todo lo descomunal como barro. Yo que solamente he nacido para evidenciar un cerebro, ¡tan poco doy! Pero mírame apoyado en la ventana que contempla las constelaciones del Este, y ven y llora conmigo por lo tanto todo lo que queremos, para ti y para mí, en una noche sin Dios y el universo absurdamente vacío.

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