miércoles, 24 de febrero de 2016

Era hermoso sentir el sol...

Era hermoso sentir el sol frontalmente ubicado. Y era como una dentadura cuando planea un beso. No lo había vuelto a nombrar desde la semana pasada. Se orientó contra mí y yo cerré los ojos para que aquel beso perdurara como el recuerdo del primer hallazgo del amor. Digo que tuvo la rudeza de las dentaduras pues atravesó mi frente para buscar mi virginidad. Desafortunadamente tuvo también que morir dejando oscuro el mensaje de conciliación pactado con los árboles esqueléticos en otoño y la fuente de un parque viejo. Éramos trotamundos de una siesta desértica y también el equilibrio invisible (ahora lo entiendo) entre los abismos. Nada que ver acaso uno con el otro, pero sentimos al tiempo un rastro gigantesco y un grosor fenomenal de vida pasar al lado nuestro, interrumpiendo por un momento la tarde vana que nos vio jugando a los placeres del espíritu.

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