domingo, 28 de febrero de 2016

Por si pudiera callarse el agua...

Por si pudiera callarse el agua y el plácido cielo azul amurallarse, y del barro del fondo de los ríos no se pudiera liberar la belleza, y la montaña que da sombra y el avecilla en el árbol no me persuadan que soy dueño al menos de mi consciencia, dejadme llorando en el suelo, y borracho, y con mis vómitos. Dejadme llorando porque será la hora en que deba abandonar mi casa blanca del camino, cargar la mochila al hombro y echar a andar como un mozuelo. Decid, cuando no me veáis, que me asustó la idea de reconocerme en el espejo, y, en un cristal diamantino, ser multiplicado. Decidlo para que nadie entienda que volví a la pobreza de mis pies descalzos, y un duro camino por delante que consumir.

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