En la pura
maldad de mi muerte,
si me ciño
al pecho tu abrazo,
y doloroso
subo hasta donde me clava
este
presentimiento de vino y amargo
día, su punta
de irreflexiva palidez,
será de agua
mi pecho apurado
por la brisa
fresca que roerá la frente
misteriosa
en esta colisión de astros.
En la
inocencia de volver al polvo
y en la
oscuridad de mi beso
volverás a
ti con la frente cargada
del latido
de un mundo inmenso,
que estará
respirando en mis ojos
como un
animal exuberante de adioses hermosos.
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