sábado, 29 de abril de 2017

Tuve un gorrión...


Tuve un gorrión, con las alas cortadas.
Mi memoria baja a veces a los fondos
donde quedó enterrada una imagen de él,
y, entonces, sin querer llorar, lloro.
Feliz, aquel gorrión, pasó un día conmigo,
y la memoria me lo levanta ofuscado
y me lo precipita a un fondo deshabitado,
donde se llora, se llora una lágrima
igual que una gota de sangre se sangra.
¿Un gorrión? ¿Cuál es el valor de un gorrión?:
¡La brizna de ternura que con él no se sepultó!

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