Tuve un gorrión, con
las alas cortadas.
Mi memoria baja a veces
a los fondos
donde quedó enterrada
una imagen de él,
y, entonces, sin querer
llorar, lloro.
Feliz, aquel gorrión,
pasó un día conmigo,
y la memoria me lo
levanta ofuscado
y me lo precipita a un
fondo deshabitado,
donde se llora, se
llora una lágrima
igual que una gota de
sangre se sangra.
¿Un gorrión? ¿Cuál es
el valor de un gorrión?:
¡La brizna de ternura
que con él no se sepultó!
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