La grandeza de algunos
espíritus debe producir un hartazgo de sí mismos tal que lleguen a desear todo
lo contrario. Me da vueltas por la cabeza la impresión de que las almas que
buscan la perfección la encuentran en lo pequeño, en lo insulso y en lo pobre.
No toméis demasiado en serio lo que voy a deciros pues hasta yo mismo
reconocería que piso terreno resbaladizo. Creo que Dios querría ser perro o
murciélago si pudiera olvidar por un momento su excelsitud descomunal. Este
Dios ha querido encarnarse en hombre no sólo para cumplir su misión en la
Tierra sino que también lo ha querido ser por toda la eternidad en los cielos.
Y el hombre fue creado del barro, la materia más humilde que se conocía cuando
se escribió el Génesis. No te extrañe, lector, que yo quisiera que estas líneas
no pesaran sobre ti y que tomaras el concepto que he expuesto como la única
posibilidad que tienes de encontrar la paz. Es decir, encontrarte a ti mismo.
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