miércoles, 7 de junio de 2017

Yo voy por una maldición...


Yo voy por una maldición,
inclinando la frente,
taladrado por el gusano,
vistosamente inerte.

Razones oscuras
de un bellísimo atardecer
me dieron a beber
razones más oscuras.

Y bebí en una lampiña noche,
y estrené una boca,
y torcí por un sendero,
y equiparé mi sombra a la sombra.

Y, ahora, vueltos los ojos,
no sé…
¡Me estremece tanto
lo que vibró una vez…!

Se sueña tan bárbaramente
con el fondo de la rosa,
que la mirada se nos pierde en las raíces,
absortos de luna terrosa.

¿Sería posible no saber nada
y herir al universo de ignorancia que más habla?

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