lunes, 30 de diciembre de 2019

Silencio...


Silencio sin gloria, una tarde poniéndose,
maduros los naranjos esparcen olores viejos,
y yo estoy llorando
por la noche que da vueltas, ¡y es tan noble dejarse caer!
Me asomaré a los vidrios que guardan tu jardín
y bendeciré las rosas, esas rosas que nos miran
en una tarde como tantas, al ponerse el sol.
Tú, hablarás con tus ojos asombrados, fijos,
durmiendo un poco, despierta un poco.
Yo, no sabré qué decir a tanta belleza,
y respiraré las rosas que me declararán
que nunca has existido, que te colmaste
de irrealidad en algún cielo azulado.
 

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