Vienes de un nublado de vapor,
aguardas estrechándome la mano.
Callas. Siempre callada, duermes en la simplicidad
de una rosa que volcó su perfume.
Te alejas, pero estás cerca, siempre.
Te han oído entrar en mi mirada,
más allá del alma que te cubre.
Y callas como una rosa que ya volcó
su perfume, siempre callada, callada...
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