Verdearía en el plácido río la luz de acero
reinaría la primavera cual sonora dicha del agua
reinaría la alondra y el frescor del amanecer
en la ventana aún dormida de la respiración
de mi hembra. Yacerá en el lecho desarropado
el secreto que contemplaría en sueños
y yo no estaría allí sino lejos
donde yo no estuviera ni en el recuerdo
ni en el deseo del manso río que abandonaría mi barca
en un caos de improbables y fríos hierros
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