Yo canto a una mañana fría
en un desértico valle
en un mundo atónito
los árboles arden destrozados
rama a rama en un quebranto lluvioso
y huele a sal y a carburante
y el miedo danza alrededor
de las campanas mudas que giran
yo sediento, yo sudando
me contemplo en este mundo
que acaricia un sueño de murciélagos
y el espejo me devuelve
la carcomida mirada de un soñador
sin rosas mojadas recién amanecidas
yo, solitario, presiento al ruiseñor
hoy dormido y sin lágrimas que escuchen
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