Tendrá mi
mañana un sol en el levante
donde se
recreará una estrella detenida,
y habrá un
silencio en la inmensidad
en que
evocar los sueños de una amante dormida.
Cada segundo
que pase, robaré al día
los pétalos
pobres de una rosa bien vivida,
que fueron
parada en el camino,
donde
pensativo me detuve junto a la fuente pulida.
Y ahora que
es atardecer qué será de mi alma
con sombras
sobre su torso descoloridas…
¿Callará el
pensamiento el miedo a la oscuridad
y a la
tierra que ha de lamer como animal la vida inmerecida?