lunes, 8 de agosto de 2016

Viajemos...


Viajemos en un otoño de trasparencias
como fetos aguardando la carne y la lluvia.
Contemplémonos bellos en la espera
de manantiales de luz y de música.
¿Ves qué súbitos astros enredados a los pies
van manchando el camino de luminosas estelas,
flores blancas y lenguas trabadas
en un misterioso lenguaje de esféricas señas?
Yo muero, amor, si tú no entiendes
que el otoño no matará nuestras flores risueñas.
Me quedaré sin comprender cómo he llegado,
y he visto, y he andado hasta el final de las pequeñas
muertes que han envejecido mi luz y mi lluvia
como una blanda cabellera.

viernes, 5 de agosto de 2016

Esta convulsión que son las noches...


Esta convulsión que son las noches aguardando.
El amado tendido sobre la hierba y roto,
respirando amante sobre la hierba y esparcido,
más allá de donde se rasga el velo de lo ignoto.
Longitud hasta donde quema la lejanía.
En el agua multitudinaria navegando fotos.
Triste la tristeza cuando va de paso
pero más triste es el olvido del número que anoto.
Si yo no tuviera los bolsillos plácidos del agua
pobres de versos tristes flotarían los maremotos.

domingo, 31 de julio de 2016

En los aullidos de mi noche...


En los aullidos de mi noche,
el amor alcanza frustrado
un cuerpo con fría muerte dentro
y una lucha de lágrimas en las comisuras.
Se levanta en torno la primavera,
con doce hombros que la sujetan,
y un griterío de rosas mojadas
escapa por tu pecho
cubriéndote con salitre viviente
con sus pañuelos que dicen adiós.
Hoy va a prorrumpir una estrella
y piensas no sé qué mitad de crepúsculo
reluce por lo bucles de tus cabellos,
brillante como tu dorso tostado.
O bien: Hoy va a caer un hombre bueno
y te lagrimean de alguna imperfección los ojos.
Y no sabes, y no entiendes qué trastornos
de amaneceres desmoronados
te dio este mundo tácito y sus alas.

miércoles, 27 de julio de 2016

Noche sin hombros...


Noche sin hombros,
tu envergadura es ciega.
Yo rajé tu pecho,
amamanté tu tierra.
Para no verte tan alta,
puse a tus ojos una reja,
y un pañuelo de ortigas
yo puse en tu cabeza.

¡Ay, cómo duele tu belleza!

martes, 26 de julio de 2016

Saldré a una imposibilidad...


Saldré a una imposibilidad de verte
para morir de pena.
Saldré para ver encendiéndose las calles
con una danza extrema.
En este rincón ¿qué número se repite?
¡Estoy tan cansado…!, decir adiós
para quedar ausente un segundo…
Lloran los ruidos si digo pulmón.
Licores sobre la noche derramados me espantan.
Me espantan los verbos de una despedida
y te estoy diciendo adiós.

sábado, 23 de julio de 2016

Siento la pena...


Siento la pena como una mariposa
que abre sus alas en extraños portales;
solitaria sin luz sobre la niebla
eclipses de un toro resoplan extravagantes.

Yo siento la pena como un corte frío
que va ardiéndome de parte a parte;
es la víspera de un domingo brotado
en el vientre ahuecado de los animales.

Yo siento mis ojos en la pena
suplir la penitencia sobre los alambres;
sonoros los huesos de mis entrañas negras
relucientes caminan a donde huelen el hambre.

Yo siento que no me puedo quitar la pena
ni sobre mí ni sobre mi plácida sangre;
a esputos resuenan las noches rojas
que se abren hambrientas y estelares.

miércoles, 20 de julio de 2016

Por este camino muerto...


Por este camino muerto donde Sancho,
el buen lugareño, antaño viese,
con su pobre pan y su joven sol,
secarse la boca a un don Quijote esplendente,
no cabalgan hoy los sueños.
Si son de amores, tal vez alguien los piense
en un otoño rebrotado,
no en la chispeante juventud que hoy mece
a los amores con brazos terrenales,
y estima necedad embriagarse de ilusiones.
La cripta del don Quijote bien cerrada está.
¡Que duerma España en decrépitas decepciones!