Siento la pena como una mariposa
que abre sus alas en extraños portales;
solitaria sin luz sobre la niebla
eclipses de un toro resoplan extravagantes.
Yo siento la pena como un corte frío
que va ardiéndome de parte a parte;
es la víspera de un domingo brotado
en el vientre ahuecado de los animales.
Yo siento mis ojos en la pena
suplir la penitencia sobre los alambres;
sonoros los huesos de mis entrañas negras
relucientes caminan a donde huelen el hambre.
Yo siento que no me puedo quitar la pena
ni sobre mí ni sobre mi plácida sangre;
a esputos resuenan las noches rojas
que se abren hambrientas y estelares.
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