Por este camino muerto donde
Sancho,
el buen lugareño,
antaño viese,
con su pobre pan y su
joven sol,
secarse la boca a un
don Quijote esplendente,
no cabalgan hoy los
sueños.
Si son de amores, tal
vez alguien los piense
en un otoño rebrotado,
no en la chispeante
juventud que hoy mece
a los amores con brazos
terrenales,
y estima necedad embriagarse
de ilusiones.
La cripta del don
Quijote bien cerrada está.
¡Que duerma España en
decrépitas decepciones!
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