Es muy perverso
que nos cierre el paso un muro
y que la
vida te inste hacia adelante.
Las marismas
están quietas y el sol
las empuja al
día nuevo,
los labios
baten contra otros labios sus alas
y es imposible
parar el roce de los amantes.
Yo estoy
aquí, sin embargo, temblando
como una
mariposa ciega…
La vida me
ha desbaratado el silencio
que fui
construyendo maravillado
de esas
soledades que perforaron la vida mía.
Ahora mismo,
todas las cosas están latiendo,
con fabulosos
latidos,
y yo estoy aquí
frente al muro
dormido o
parado o desheredado.
No sé qué es
ni como ocurren estas cosas,
la vida una
vez fue en serio.
Hoy, tal vez,
se han dormido todos los brillos,
y no tengo
una mano con la que enlazarme
y sentir las
pausas como dioses que se han apagado.