jueves, 26 de octubre de 2017

Mi vida...


Mi vida torcidamente sanguínea …
Yo amaba la sal que fluía de sus muslos
y la exuberancia de la mirada
oponiéndose a la luz.
Mis sentidos se vaciaron,
y los párpados lamidos
se cruzaron con una noche venturosa,
donde dormí, enigmáticamente cegado
en sus dulces brazos.
Lo comprendí todo en un golpe
de mundo y de carne.
Anocheciendo iba la mañana
equivocada que abandonó a la luna
con un dardo en su sexo.
Carmín y un bulto de sangre…
Era la única conmoción que cabía
a un hombre.

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