Un dolor bajito en el pecho
para sentir mucho.
Una estrella en el cielo
que le contemplase cuando llorara.
Una manera en los ojos
de no mirar a la Muerte.
Tres deseos tuvo el hombre cuando fue niño
que le rompieron el alma.
Otras cuerpos sintió al lado,
otros senderos para mancharse de barro los pies
recorrió.
Y el hombre nació nuevo con la luminosa mañana,
diluido y bañado
como una constelación que se rompe
y empieza otra vez a relumbrar,
impenetrablemente.