martes, 14 de noviembre de 2017

Tan callado viajaba...


Tan callado viajaba yo
que las golondrinas asumieron
mi esperma.
Y, en los ojos, pianos y calma:
llamaban al hombre a caminar
y todo era vuelo.
Mi corazón percutiendo
también llamaba a no sé qué camino.
Pero ningún sendero entró en la alegría,
ninguna mancha respiró hondamente
del agua y del viento.
Intacto y vicioso me pareció.
Dolorosa la creación fue amasada.
 

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