Tengo los presentimientos a flor de piel.
En la calle llovizna una frialdad, y el gris
se llena de gris.
Están los esparcidos escombros por ahí, deslumbrantes.
Está llorando algo por ti y por mí,
y no sé qué será del invierno que nos ha acogido
en su vientre deslumbrante.
No sé qué me pasa, de veras que no sé.
Pero cuando miro hacia el fondo de la ciudad,
me lleno de extrañeza,
mientras la ciudad fluye desde su eterna flor aborrecida.