Nocturna bajo la luna caliente,
pies desnudos que huyen,
hambre tienen de algo que yo no sé,
sangre tienes y carne que yo no sé.
Buscándonos estábamos,
y eran milenios de sangre y de carne.
Donde se rompió la copa de cristal en mi pecho
mientras el amor caído levantábamos
y respiramos nuestro derrumbamiento
a la carne y a la sangre benditas.