Que no se entiende
que yo perdiera mi cielo añil
Que no se entiende, cosas de la vida,
que el color de hoy sea el gris
Por esos mensajes secretos
de la vida que sabe herir
vibro el agua del pozo:
¡Que no volviera yo a ver vibrar color tan vil!
Que no se entiende
que yo perdiera mi cielo añil
Que no se entiende, cosas de la vida,
que el color de hoy sea el gris
Por esos mensajes secretos
de la vida que sabe herir
vibro el agua del pozo:
¡Que no volviera yo a ver vibrar color tan vil!
Descorrer las cortinas que quiero ver la luz entrar
que entre una mañana deslumbrante a fogonazos cristaleando
tengo que abrazar llorando este cielo tan azul
contemplarlo tan pequeño yo
los miserables se vayan hoy
yo y este cielo suficientes para llenar la casa de luz
yo cristaleando mi casa de luz
para que la alegría haga un redoble de tambor
¡mi casa, mi casa tan blanca!
Verdearía en el plácido río la luz de acero
reinaría la primavera cual sonora dicha del agua
reinaría la alondra y el frescor del amanecer
en la ventana aún dormida de la respiración
de mi hembra. Yacerá en el lecho desarropado
el secreto que contemplaría en sueños
y yo no estaría allí sino lejos
donde yo no estuviera ni en el recuerdo
ni en el deseo del manso río que abandonaría mi barca
en un caos de improbables y fríos hierros
La vereda de amapolas que sangra
colina abajo más allá de sus tumbas
tuvo entrañas dolientes
y el agua pura del cielo antaño
La lluvia que le ha roído de culebras la arena
es tierra árida que hoy arde soleada
gravemente bajan arrastrándose esas serpientes
y tienen su pena de arrastrarse malditas
y tienen su propia deidad
y celebran su caída a los infiernos de la vereda
Nocturnal la ventana encendida
lleva un adiós muy adentro
tan humilde encendida segrega al día
de un oloroso calor humano
yace una linda desnudez en la cama
que entorpece cualquier pensamiento
y en la esfera de arriba iluminan
mi faz mojadas estrellas azules
yo pienso en un llanto inmenso
pero no puedo pensar en nada
yo pienso en esta constelación que duerme
pero mi pensamiento es una llama de espirales jugando
Olor de los montes calcinados
cuántas veces la carretera me puso frente a su frío
crepúsculos de ayer en que dormían espíritu espigado
hoy duermen carne surtidora de lluvia negra
dolor de la tierra que debe su pan al hombre
que puso en sus manos el hambre
y llega a la mesa carne de lluvia negra
Esta tierra que nos enfría las entrañas labriegas
nos vence de abundante alimento
Mi viaje por la carretera llegó a sus orillas
solamente a sus orillas