lunes, 15 de julio de 2019

Tengo los presentimientos a flor de piel...


Tengo los presentimientos a flor de piel.
En la calle llovizna una frialdad, y el gris
se llena de gris.
Están los esparcidos escombros por ahí, deslumbrantes.
Está llorando algo por ti y por mí,
y no sé qué será del invierno que nos ha acogido
en su vientre deslumbrante.
No sé qué me pasa, de veras que no sé.
Pero cuando miro hacia el fondo de la ciudad,
me lleno de extrañeza,
mientras la ciudad fluye desde su eterna flor aborrecida.
 

sábado, 13 de julio de 2019

Ayer fue una sonrisa...


Ayer fue una sonrisa que salpicaba contra el agua,
el estallido de una estrella licuada en los ojos.
Eran los ojos tristes los que miraban tanto bien
y pensaban en aquella sonrisa con nostalgia de agua.
Llegaras con una estrella en los brazos...
Callaras como los ojos negros que se licuaron...
Vendrías de una mañana a sostenerte sobre la risa,
y arrimada al calor del pensamiento más oscuro,
tendrías la soledad y la bruma,
la inmovilidad del infinito somnoliento.
Tengo pensado no decirte nunca un te quiero.
Tus ojos tristes no entrarán en el laberíntico jardín
y no entenderé nunca que por él paso una primavera.
 

viernes, 21 de junio de 2019

Estremecida camina esta noche...


Estremecida camina esta noche,
y no sé por qué.
Se me esparce el corazón,
en migajas se me esparce,
y no sé.
Un lecho de cristales para dormir,
una canción que me embrutezca,
preferiría y no sé.
¿Para qué voy a alimentarme de más alma?
Me quema los huesos esta antorcha
de boca humeante que me ríe,
languidece a un centímetro de mi,
y aún se revuelve muerta, y me da alma.
Durmiendo... durmiendo tal vez
el alma vuele y me deje un niño adentro,
sin alma, consolado por unos brazos,
sólo por unos brazos que le aprieten contra un pecho.
 

miércoles, 5 de junio de 2019

Qué callando...


Qué callando las luces que miraban tu frente
se han apagado... qué callando...
Qué callando han muerto en tu frente
los monstruos que ayer fabricaron las ideas,
tus besos más fuertes, tus ansiedades de callar...
qué callando... qué callando...
Muchos adioses no son muchos,
ni te dolerán muchas despedidas.
Pero ¡cómo se enciende la boca que besa
y las manos que tocan!
 
Adiós, un fuerte adiós, os digo.
Y no sé decir otra cosa que tiemblo
en este amanecer de ribera tan blanca,
aunque como en un sueño lo respire
y lo exagere.
 

martes, 14 de mayo de 2019

Qué solos están...


Qué solos están los que callan,
los que sobran,
los que al alma suya claman,
el cerebro que ha caído.
Entre los espinos y entre los cardos,
no queda nada,
sólo se oye un llanto
que atraviesa soledades infinitas,
y una gran mancha que el cerdo, noblemente,
empujó hacia los ángeles,
hacia los cielos que no se le abrieron nunca.
Bastaría una pequeña lágrima
para que encendieran el corazón de Dios.
Pero callaron, con la potestad
de una rosa abriéndose en primavera.
 

miércoles, 8 de mayo de 2019

Se azucenan los ojos...


Se azucenan los ojos, se cierran,
vuelan en su interior los pájaros con una maldición
como en columna de fuego,
y presiento a Dios mirándome.
¿No se han roto tus dos lunas?
En equilibrio se esparcen todos los silencios
...y no hay voces, ni agua, ni sentimientos para sentir.
Espero sólo la constelación, mi constelación,
que se abra de estrellas un lugar en el mar profundo.
Sólo miro pasar por mis ojos los pájaros,
como una tontería
que me revela la sencillez del Altísimo.
 

martes, 9 de abril de 2019

Vas llegando...


Vas llegando al calor que se dispara
de una frente a otra entre brisas,
de un pecho a otro con las balas alcoholizadas
de la vid que nos sumió
en aquellos obcecados amaneceres,
porque ya no nos quedaba otra cosa compasiva
que ver el nacimiento de los días.
Bello fue que nos encontráramos
y que albergáramos rostros y camisas blancas,
y la luz que nos sanó y se revolcó a nuestros pies,
esa víbora enamorada que saltó más luminosa,
mientras más presentía que nos quedaríamos,
desde la somnolencia a los brazos,
esperando que fueran tendidos, rabiosos y solos.