Soy mi precepto de vivir. Él me empuja hacia mi amante, a orar, a la
subsistencia. Yo no sé si la rosa es mayor que yo. Pero los hombres creen en la
carne sin duda, y se contemplan envejeciendo en el espejo. Hoy me mira la noche
estrellada, me mira obstinadamente, con duros preceptos de existir. No
llegaremos nunca a mirarnos frente a frente, lo sé. Ando rodeado de cosas
inconmensurables y magníficas. No creeré fácilmente en la eternidad. Yo, tan
incompleto, ¿iba a ser un privilegiado? ¡Qué ganas de rendirme cuando me dicen
que se perderá mi rosa un día!
No hay comentarios:
Publicar un comentario