Tengo una palabra de paz que quiero ofrecerte. Mi palabra la llevo
encerrada en el corazón, abrigada en el pecho donde suben sus humores a la
garganta. Mi palabra es mi paz que yo te doy. Mi voz, que oí una vez siendo
niño, y no ha sido aún entregada al mundo, puede comerse porque es mi palabra
de paz y carne de alma. Yo sé que amarás mi palabra porque mi palabra soy yo.
Cuando me mataron dejaron uno de mis yos en pie. Él está dentro de mi boca y no
hay otro. Por mi boca pasaron tantas palabras engañosas que tuve que elegir entre
una para ofrecértela. Mi boca es mi alma rescatada del artificio y del infierno,
mi palabra que ya camina hacia ti con el esfuerzo de la brisa.
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