jueves, 26 de junio de 2014

Caballo interminable...

Caballo interminable. Doble temblor relincha en lo oscuro. Agrios golpes de cascos precipitados hacia la arena caliente. Y la infiel, de negra tez, abierta como un pan repartido, no retrocede ni niega. Fluyó inmediatamente el milenario amor que disemina la lluvia que percute, la lluvia que se va hacia los cabellos y a la cintura, que conoce toda víspera de muerte y la paz temblando junto al fuego.
  -¡Mi cintura mojada! -repetiría ella después en el lecho honorable entre cóleras que se iban abultando-. ¡Mi cintura y mis cabellos mojados! ¡Tú, mi asesino! ¡Tú, mi adorador! Qué lluvia no se mezclara con la sangre.

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