Mi corazón se termina. Si lo ves pasar despacio y encanecido por tu
puerta, piensa en el vigor que antes encendía su llama. Podrás derribarlo hoy,
o engañarlo, tan cantonero entre tu casa y la mía. Verás que su paciencia,
antaño fue precipitación, y alaridos de ahora, las noches malas. Observa, juzga
y perdona que olvide tu nombre, es sólo que precisa de la libertad de un
ingente olvido para soñar la benevolencia. Extendidas, sus alas, hubieran
podido preservarte de la lluvia, pero no llores si el ruiseñor no canta ya.
Sobre su espalda se batieron mil cielos frondosos y negros. Fija la mirada en
el levante, para él terminó la dicha de despertar con el cielo de ayer borrado.
Ahora trasnocha insomne y sin verdades. Está huyendo, solamente está huyendo.
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