He traído un sueño. Tú no sabes con cuánta desnudez he traído mi
sueño. En los tiempos de la pureza ingénita del mundo yo ya abrazaba mi
sueño. Y he caído en la intemperie, y ahora soy pobre y malo y me hallo
descalzo. Si hoy no tengo ni una sombra azul donde rememorar aquellas gracias del
mundo que me cautivaron, ¿cuidarás tú de mis rosas antes que crucen el cielo
las dos alas azabaches del otoño? ¡Te ofrezco mi sueño! Es muy poco, y es también casi todo. ¡Acéptalo! ¡Rebosará tu corazón de tantas brisas primaverales!
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