jueves, 3 de marzo de 2016

Errantes almas...

Errantes almas en llamas acechan al hogar de nubes otoñales. Una música tiene el hogar que las imanta y las deja en medio del jardín flotando en un baile puro y loco. Almas gigantes son porque no se han levantado de su nostálgico romanticismo. Y ahora lo rizan todo de ignición y suicidio, y por debajo de mi vida tengo almas incandescentes que vinculan mi soledad a una inmolación con su retorno a los gélidos torrentes, cuando bajo mis pies y a su lado puedo devorar el frío de la sepulcral trascendencia de la piedra gris. Llorad, llorad, amigas mías. Miserables y terrestres, tan nostálgicas, inmanentes a un legajo que les destruye los papeles balsámicos de la memoria.

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