Algo quiso derribarme y
me dijeron que el viento. Mi hogar alucinado dolía como el disparo de una
pistolita de plástico. Mi hogar evocaba porque olía a plástico calentado. Es
muy duro morir por el disparo de una pistolita de plástico porque el niño que
la empuña ríe dirigiendo sus dientes burlones. Es falso asimismo que se rememoren
las pistolitas de plástico de la niñez. Uno cae al suelo y magnetizado se sueña
con una muerte miserable. Sugestionado se ablanda el corazón y nuestra tragedia
de mentira nos sirve por un momento para llorar por nosotros mismos. Algo quiso
derribarme y me dijeron que el viento. Me gustaría ver llorar a alguien por mí,
pero no tengo corazón para divergir. Algo quiso derribarme tan potentemente
real como una pistola de plástico o el viento inmaduro que sólo odia y derriba.
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