jueves, 24 de marzo de 2016

Te ibas claramente...

Te ibas claramente ajena a los rasgos severos que ponía la lluvia lentamente en ti y decoraban el adiós inconmutable. Seguían subrayadas con flores las veredas y atravesabas el ocaso con un “Adiós” desigual a una nube gris o un infierno. Ibas dejando lágrimas y muertos. Ibas montada en una irrealidad de hierbas. Sugerías una canción que embriagaba si volvías la vista y los cabellos. El poema se rompió en el papel y quedó flotando sobre el suelo del ocaso de sangre, templando con la última perfección la lejanía que mis manos de agua no te podían enlazar… Y unas palabras que doraban el suelo de una mística lucha. Lágrimas y muertos. Discúlpame si no hallé otro temblor último que se dilatara hasta donde tú alzabas la mano en adiós, perdida ya a lo lejos.

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