lunes, 28 de marzo de 2016

Llovizna...

Llovizna. Como un nuevo lenguaje del agua, llovizna. Y sé que estabas hace un momento aquí, y ahora estoy solo. Pero ¡no!… ¡Están todos los reflejos tuyos sobre los cristales! Me devuelven los matices que te abandonaron. Estás, pero juguetona y alegre, sobre lentas irisaciones que te invocan. Estás, lees un libro, te alejas de mí. Tuve la carne trémula, ahora oigo el latido delicado que pervivió. Mujer, tú no debes morirte del todo. Porque aquí siempre habrá una primavera que te exhorte y te diga: “¡Levántate!”, y empañados los cristales te persuadan a arrojarte de nuevo a los espejos. Porque sabes que nuestra casa es pobre y triste cuando callan los latidos fantasmales que la poblaron, y pensaron en volver interminablemente a la génesis de nuestros sueños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario