Mi sangre ya lo dijo,
mis manos ya lo esperaron. Hallé la paz de mi sangre y de mis manos. El camino
que nos abrió la salida del laberinto ya fue cubierto. Danza en el aire un olor
de jazmines que me abre el pecho. ¿Tienes tú el hambre de desandar un
laberinto? Ojos para desear esta noche pretenden mi frente y la manera de morir
que yo quiero. En esta noche las gaviotas me picotearán el aliento hasta acabármelo.
Pretendo que tú seas el espectador de mi ausencia sin fondo. Ahora que mido mi
paz contigo y nos miramos sin complejos para no llorar tanto, hay que llorar y
hay que ser soberbios. Amor mío, amor que tuvo una ventana dentro de mi casa,
¿tienes tú el hambre para desandar lo llorado?
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