Verterás tu cansancio
por la punta de los dedos. Hallarás una mañana hecha trizas que te partirá el
alma. Y comerás tu mendrugo de las salinas olorosas que en tu costado
depositarán un verso. No llores de las cosas del mundo o me dejarás sin alma.
No temas a un espejo pues es sólo una pared para sentir tu espalda. Cuánto
amares lo hallarás en tu espalda. Cuantas cosas hayas mirado en la Tierra serán
parte de ti y disueltas con el aire vivo que calma y que respiras. Tan sólo oye
mi voz que viene y huye luego. Como potro en las noches indomables no hallarás
la paz hasta que descanses de tu fiebre de plumas, y tu espalda, la que te dio
un final para tu cuerpo delante del espejo, quede sobre la nada
descansando el verso de tu infancia y un
poblado de banalidades.
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