Voy arrastrando mi desventura
y sin comprender quién soy. Levanto la testa absurda y con angustia me dejo salpicar
por la lluvia. No hay impiedad como la lluvia que a un hombre atormentado moja.
Roba de mí y ya no soy yo. Mis ojos ya salen. Mi mente busca la curvatura absoluta.
Mis manos han quedado ansiosas sin la trayectoria de tus pechos. La lluvia ha
robado de mí, y ya no soy yo. Vengo de un benigno anónimo a un mundo de
oscuridad que ya llega, y es tibio como una paloma que aprieto entre mis manos.
Tocaremos la piedra, hundiremos las manos en el agua. ¡Qué más da que haya
rosas si no son para mí! ¿Cómo no dilucidar en la incomprensión al Hombre? Está
la luna rota arriba y abajo el hombre que ha creído oír el crepitar de su fuego
¿No danzan ya los muertos? Esa fue su pregunta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario