Yo que caminaba
abanderando un corazón,
que me desvivía en mi
jardín por primavera,
y adoraba al justo sol
que a mis flores
aquel cielo alto
obsequiara y vistiera.
Hoy me doy por bien
pagado y me satisface
la paz de un corazón yermo
y sin fronteras.
¡Que ningún ser en la
Tierra me comprenda!
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