Cuando engrosas las
filas de los codiciosos
y sales a pelear por tu
derecho
al mendrugo que recibes,
yo te alabo ¡oh vida!
porque sé que eres el
buen pan de mi alucinación.
Y si pues recibiera
algún día menos de lo que doy,
y a su jugo amargo enlabiasen de
alcoholización,
despertara con su
sangre negra y balbuceara el irrisorio adiós
a un sol vespertino que
ríe y llora una capitulación.
¡Cuántas veces vi tu enloquecedora
agitación
resolverse complacientemente
en un relámpago de locura!
Y cuántas veces me dije:
¡detente necio!, alberga dudas…
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