Se han quedado dormidos
mis ojos
en el puro sentir de
unas alas.
Ya no pienso en la
venidera ilusión
que en atmósfera cubrirá
el vientre que exhalas.
El extendido espacio de
oxígeno que abro
y que nos separa, será
un hombre que baja
de mí hasta ti sobre la
vertebrada espalda.
Dos cabellos tengo
ahora en el sentir:
uno sube por extrañas
cavidades,
el otro domina el apaisado
mes de abril.
Un hombre se desvive y
vuelve más vivo
que mojado de lluvias, muerto
en la vivida matriz.
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