domingo, 4 de septiembre de 2016

Y sólo era un hombre batido...


…Y sólo era un hombre batido
bajo una sombra de la llanura tostada.
Ardían las arenas remotas
y las rocas inminentes se abalanzaban
contra una higuera maldita
que su esquelético cuerpo abocaba
a un suelo esquizofrénico.
La mar en calma, allá, se representaba
exhausta de bichos y harapos,
porque este desierto, se decía, adjuraba
de los dioses concupiscentes,
huyendo de los cuerpos donde abrevan
el sudor y la herrumbre.
La soledad de un tronco roído por las hormigas
descansa como un moribundo a quien el paisaje abriga
remembranzas de un verdor que le escupiera un postrer latido,
¡oh, espectáculo de un corazón que ensimisma
como el acto de generación nunca asistido!
…Y sólo era un hombre batido
bajo una sombra en la llanura tostada.
Pero, ¡qué horror
si lo que pareciesen las cosas
fuese como lo que son!
Si Dios ha muerto hoy aquí,
¿dónde acaban sus manos fundadoras
y empiezan las ratas?

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