jueves, 2 de febrero de 2017

Yo sostuve en mi mano...


Yo sostuve en mi mano
un gorrioncito muerto
y juzgué que aquella lágrima
no podía caber en un océano.

Yo sentí en mi mano
llorar a Dios por la vida
y sentí su ternura
destilando una lágrima pura.

Hoy que todo me suena a hueco
rememoro aquel episodio de la niñez.
Hoy que todo me suena a hueco
advierto que la vida nunca lo fue.

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