Dolor que se hunde navegando
hacia el puro horizonte.
Alejándose por el mar navegando
el alma rosa de un poniente.
¿Qué ha de quedar más tarde?
Más tarde sólo queda la mente
pulcra como un después.
Después, el alma del río en el mar
hablará con voces y heces.
Después, ha de hundirse, lamentádose,
la nave inquietante, dos veces
honda y mojada, dos veces dormida
en la ribera de su ensalivada muerte.
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