Donde me hieren hay graznidos de aves
evocando lejanías,
una rota calavera que meditó una vezy bocas que dijeron adiós desesperanzadas.
Se suicidan las nubes hacia el horizonte
que no se engrandece,
y yo lloro...
Está sudando el sexo.
Los viejos no saben,
nadie sabe que tañen las campanas, ni por quién,
y yo lloro, y no sé por qué,
y no entender es una forma de la mentira
donde se abren los ojos a la confusa luz
como el gran agujero del retrete.
No hay comentarios:
Publicar un comentario