Espirales de un amor que no fecunda
vienen a mí como rotundas flechas,
y en mi pene se enlanzan azules,
y amarillas y rojas,
por vertederos y barrizales,
pensando sólo en una cosa.
¡Niña! ¿Ves cómo son mis sueños?
Ni grises ni negros ni tuertos.
Son como todas las cosas
que vibran junto a la vida.
Saltarinas, mejor es no enmendarlas,
¡y que naden junto a la deshonra!
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