Yo salgo
llorando de lo hondo de mí
como una
lengua anhelante de lamer,
y de mi
vidrioso mundo salgo dudoso
elevando mi
lengua para acoger
un palmo de vida
en mi hendedura
de hierba y
de huesos áridos y sin verdecer.
Y me extraño
bajo la luz con esta fragilidad
que no cesa
de vociferarme con su tañer
de alaridos,
más hondos que mi hondura,
más altos de
lo que puedo entrever
en mi
soledad sin descanso ni hogar,
en la tierra
de mi mundo sin extender.
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