Tendrá este invierno una lluvia
que morirá sin encanto,
no sé dónde ni de qué manera
pero no besará el espacio
de mi jardín serenado.
Sucederá como en las profecías
que nos sorprenderá
una aguardada descarga
de hermosura y divinidad,
como en los anchos campos
no sé qué milagro esperaríamos
que nos cubriera de trigo
nuestro horizonte,
inclinándose al roce del viento,
y el hechizo de la tierra
se hubiera de romper
a golpe de una hoz maligna.
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